Lo volvió a ver, años después, nuevamente, como aquel día. Aunque no habían dejado de frecuentarse. Incluso viajaron a un país lejano por circunstancias similares. Allí, un día, ambos de pie, bajo la montaña, coincidieron una vez más. Dos sedientos que se reencuentran al pie de la fuente, tras un largo peregrinaje. Pero esta vez no estaban solos. Fue un bautizo o una comunión. O todos los sacramentos condensados en el súbito e irracional encuentro en un mismo punto de la casualidad. O de la causalidad.
Supe entonces que no era la primera ni sería la última de nuestras coincidencias. Y comprendí que el destino se encapricha en revelar sus sinuosas formas así, a tientas, cuando nadie menos, menos se lo espera.
Un paseo rápido por La Vanguardia y El País
(Algo bueno tiene tomarse un café en el bar de la esquina por la mañana)
Do you speak english, Mr. President? Una interesante nota de La Vanguardia sobre el déficit de conocimientos de lenguas de los actuales presidentes (y otros políticos) europeos.
Thelonious Monk, en su retiro. El gran Thelonious y sus (últimos) días con traje mirando el techo.
La arquitectura busca salidas. La crisis golpea (y duro: ¡Au!) y el ladrillo se cae (de las manos, de los andamios y, con ellos, los trabajadores, ahora en paro). La arquitectura (también) se enfrenta a la crisis.
¡A la reja! Con esta frase, el juez siempre enviaba a prisión, capítulo a capítulo, a Tres Patines. EE.UU. pide la extradición de Polanski. ¿A la reja... treinta años después? Le esperarían dos años en cana.
El acelerador se acelera. El acelerador de partículas del CERN, reparado, comienza a funcionar (otra vez). ¿Recuerdan que el año pasado algunos pronosticaban el fin del mundo por alguna especie de paradoja física (un agujero negro en medio de la Tierra) que se tragaría todo? Bah.
A ver, a ver: miren el pajarito... La foto de la familia Obama, en la Casa Blanca. La autora: Annie Leibovitz. Yo me pregunto... Con lo que ha cobrado, ¿podrá ahora aliviar sus deudas? Je.
(Imagen tomada de aquí)
Una pareja riñe en un parque al lado de mi casa. Es de noche. Un coche sin luces transita a toda velocidad por la avenida, tentando la suerte. La estación simula un punto distante de luz desde la terraza. Se escucha un zumbido: pasa uno de los trenes. Desde tan arriba, parece de juguete. Alguien deja caer una botella de cerveza. Se hace trizas. Le sigue un silencio tenso, aparentemente infinito. Un perro ladra y rompe la oquedad de la noche. Alguien riega su jardín. Una pareja hace el amor tras las paredes. Suenan a lo lejos las tenues notas de un piano.
Un concierto cotidiano, anónimo. Desde tan arriba, todo parece de juguete.
Desde que me mudé a Sant Cugat, ya no tengo internet en casa. Por eso no escribo. Me cuesta sentarme frente a un ordenador prestado y trazar cuatro líneas. Con la cabeza en tantos lugares a la vez, me es difícil dedicar un tiempo para actualizar el blog. Y el tiempo pasa...

Cierro los ojos. Y de pronto te veo aparecer por alguna escadinha sonriendo, invitándome a perdernos, juntos, en aquellas calles, becos y calçadinhas. Para luego mirarnos, y vernos, frente a frente, a los ojos, y volvermos a encontrar, sí, de nuevo, reconociéndonos. Y tu aliento ahora me embriaga aun más, confundido con aroma a ginjinha, a café y mañana, a humedad, lluvia y sal, entre risas y lágrimas, sintiendo bajo nuestros pies las calzadas empedradas de esta Lisboa que se añora, inolvidable.
Primer año de De poetas y tallarines
1 comentarios Publicado por Ricardo Mendoza Canales en 10:49 AM¡Este blog está de fiesta!
Etiquetas: aniversario, De poetas
Fujimori, 25 años de prisión
Ayer se dictó la sentencia condenatoria a Fujimori por los casos de violación a los derechos humanos durante su gobierno. 25 años. Cinco lustros. Recobrará su libertad, si aún vive, cuando tenga 93 años. La sentencia a Fujimori es histórica por varios motivos. Brevemente y sin ser exhaustivo: primero, porque es la primera vez que un ex presidente (y dictador) es juzgado y sentenciado en su propio país, cuando lo usual es que mueran en exilios dorados. Segundo, porque ha demostrado que en el Perú, cuando se quiere y las condiciones lo permiten, se pueden tener juicios justos y sin interferencias políticas. Tercero, porque el veredicto condenatorio se da tiempo también para reparar la memoria de las víctimas que durante casi veinte años fueron sindicadas de terroristas, por lo que tuvieron que cargar con la doble humillación de ver que sus hijos, maridos y mujeres eran recordados espuriamente como terroristas y de ver que una vez más serían echados al olvido y la injusticia. Cuarto, porque sienta un precedente en materia jurídica no solo en el Perú, sino también en el derecho internacional. Y quinto, que es el primer gran paso para una verdadera reconciliación nacional: no puede haber reparación sin justicia.
Hoy, cuando se especula tanto acerca de las implicancias políticas que tendrá esta condena a corto, mediano y largo plazo, cuando se habla acerca de las víctimas y victimarios (sin duda, los protagonistas de este caso), creo que también es bueno detenerse un segundo a pensar en el juez y su equipo, quienes llevaron el caso. No debe haber sido fácil en ningún momento (ya lo decía Derrida, volviendo a Kierkegaard: “El instante de la decisión es una locura”). Demasiado espinoso. Demasiado poder en juego. Las presiones políticas deben haber sido fortísimas. Y, sin embargo, un impecable y valiente trabajo nos permite hoy celebrar que la otra cabeza de ese monstruo bicéfalo y merdoso denominado fujimontesinismo cumplirá condena al igual que su socio.
Fue jodido vivir en el Perú durante esa década de dictadura. Y los ecos de ese humillante slogan (humillante por su cinismo y su indolencia, por el usufructo de la confianza del ciudadano más pobre, por el clientelismo, la seguridad de tener bien aceitada la máquina del fraude electoral) del “Ritmo del Chino” resuena hoy con ironía y se vuelve en su contra, revelando su faceta más miserable, infecta, maquiavélica, hedionda. Hoy, un día después, creo que realmente se ha hecho justicia, y me siento aliviado, feliz y, por qué no, ilusionado también.







